1. Prepara la base
Pela los plátanos y colócalos en un bol amplio. Tritúralos con un tenedor o batidora hasta obtener una crema suave. Cuanto más maduros estén, más dulce quedará el pastel sin necesidad de añadir azúcar.
2. Incorpora los ingredientes líquidos
Añade los huevos, la leche, la pizca de sal y la esencia de vainilla. Mezcla bien hasta que todo quede perfectamente integrado. Este paso es importante para lograr una textura uniforme.
3. Añade la avena
Agrega los copos de avena poco a poco, removiendo constantemente. La mezcla será algo espesa, pero manejable. Déjala reposar unos minutos si quieres que la avena se hidrate ligeramente.
4. Prepara el molde
Forra un molde con papel vegetal o engrásalo ligeramente. Vierte la masa y repártela de forma homogénea.
5. Añade la fruta
Lava las manzanas, córtalas en rodajas finas y colócalas sobre la superficie del pastel. Puedes hacerlo en forma circular para que quede más bonito.
6. Aromatiza
Espolvorea canela molida al gusto. Este paso no es obligatorio, pero marca una gran diferencia en el aroma final.
7. Hornea
Lleva al horno precalentado a 180 °C durante unos 30 minutos, o hasta que el pastel esté dorado y firme al tacto. Cada horno es distinto, así que vigílalo en los últimos minutos.
El resultado final
Cuando saques el pastel del horno, notarás un aroma cálido y acogedor que llena la cocina. La textura es tierna y húmeda, con un dulzor suave y totalmente natural. No empalaga, no resulta pesado y se digiere con facilidad.
Es uno de esos pasteles que sabes que te están haciendo bien, pero que al mismo tiempo te dan placer al comerlos. Ideal para acompañar con café, té o incluso un yogur natural.
Consejos para disfrutarlo al máximo
- Conservación: guárdalo en la nevera en un recipiente hermético. Se mantiene en perfecto estado durante 3–4 días.
- Para llevar: córtalo en porciones y llévalo al trabajo o al colegio como snack saludable.
- Textura extra: si te gusta más cremoso, puedes añadir un poco más de leche.
- Toque crujiente: añade nueces o almendras picadas por encima antes de hornear.
Variaciones fáciles
Una de las mejores cosas de esta receta es que admite múltiples versiones:
- Sustituye la manzana por pera o frutos rojos.
- Añade coco rallado para un sabor diferente.
- Usa leche de almendra, avena o soja para una versión sin lácteos.
- Tritura la avena antes para obtener una textura más tipo bizcocho.
Cada pequeña variación mantiene la esencia saludable del pastel.
Una receta para el día a día
Este pastel no pretende ser un lujo ocasional, sino una receta realista para la vida cotidiana. Es fácil, rápida y no requiere técnicas complicadas. Perfecta para quienes quieren cuidarse sin estrés ni restricciones extremas.
Incorporar opciones como esta en tu día a día puede ayudarte a mejorar tu relación con la comida, apostar por ingredientes reales y disfrutar más de cada comida sin culpa.
Reflexión final
Comer bien no se trata de eliminar todo lo que nos gusta, sino de aprender a elegir mejor. Este pastel sin harina ni azúcar es un excelente ejemplo de que lo sencillo suele ser lo más efectivo.
Natural, casero y delicioso, es una receta que invita a repetir, a compartir y a convertir en hábito. Porque cuidarse también puede ser sabroso… y muy reconfortante.