Paso 1: Preparar la base de galleta
Comenzamos con la base, que aporta el contraste crujiente perfecto para la suavidad de la crema.
- Coloca las galletas de maicena en una procesadora o tritúralas con ayuda de un rodillo hasta obtener una miga fina y uniforme.
- Pasa las migas a un bol amplio y añade la mantequilla derretida. Mezcla bien hasta conseguir una textura similar a arena húmeda.
- Vierte la mezcla en el fondo de un molde desmontable, preferiblemente de unos 22 cm de diámetro.
- Presiona firmemente con el dorso de una cuchara o con un vaso para compactar bien la base.
- Lleva el molde al refrigerador mientras continúas con la preparación del relleno.
Este reposo ayudará a que la base se endurezca ligeramente y mantenga mejor su forma.
Paso 2: Preparar la nube cremosa
Aquí está el corazón del postre, donde ocurre la magia.
- Hidrata la gelatina sin sabor en las 5 cucharadas de agua fría. Déjala reposar durante 5 minutos hasta que se esponje.
- Lleva la gelatina hidratada al microondas durante unos 15 segundos, o caliéntala a baño maría, hasta que se disuelva por completo. Reserva y deja que entibie.
- En un bol frío, bate la nata fresca hasta obtener picos firmes. Es importante no sobrebatir para que no se corte. Reserva en el refrigerador.
- En otro recipiente amplio, mezcla la leche condensada con la nata sin suero. Añade la gelatina disuelta y mezcla bien hasta integrar.
- Incorpora la nata montada poco a poco, con movimientos suaves y envolventes, usando una espátula. Este paso es clave para conservar la textura aireada.
- En un bol limpio y seco, bate las claras de huevo junto con el azúcar hasta obtener picos firmes y brillantes.
- Añade las claras montadas a la mezcla anterior, también con movimientos envolventes, hasta lograr una crema homogénea y ligera.
- Vierte la mezcla sobre la base de galleta ya fría y alisa la superficie con una espátula.
Lleva el molde al refrigerador durante al menos 4 horas, aunque lo ideal es dejarlo reposar toda la noche para que tome mejor consistencia.
Paso 3: Preparar la salsa de fresa
La salsa de fresa es el complemento perfecto para este postre. Aporta color, frescura y un equilibrio delicioso al dulzor de la crema.
- Lava bien las fresas, retira los tallos y córtalas en trozos pequeños.
- Colócalas en una cacerola junto con el azúcar y el zumo de limón.
- Cocina a fuego medio, removiendo de vez en cuando, hasta que las fresas se ablanden y comiencen a soltar su jugo.
- Deja hervir suavemente durante 10 a 15 minutos, hasta que la salsa espese ligeramente.
- Retira del fuego y deja enfriar completamente antes de usar.
Puedes dejar la salsa con trozos o triturarla si prefieres una textura más fina.
Consejos para un resultado perfecto
- Usa ingredientes bien fríos para montar la nata y las claras más fácilmente.
- No mezcles de forma brusca; los movimientos envolventes son esenciales para lograr la textura de nube.
- Si quieres un toque diferente, puedes aromatizar la crema con un poco de vainilla o ralladura de limón.
- La Nube Helada se conserva perfectamente en el refrigerador durante 2 a 3 días.
Cómo servir la Nube Helada
Una vez bien firme, desmolda con cuidado pasando un cuchillo por los bordes del molde. Sirve porciones generosas y añade la salsa de fresa por encima justo antes de llevar a la mesa. También puedes decorarla con fresas frescas, hojas de menta o un poco de ralladura de chocolate blanco.
Un postre que conquista a todos
La Nube Helada no solo es deliciosa, también es una experiencia. Su textura suave, su sabor equilibrado y su presentación elegante la convierten en un postre que siempre triunfa. Es de esas recetas que se guardan, se repiten y se comparten.
Prepárala una vez y verás cómo se convierte en una de las favoritas de tu casa. 🍓❄️