La lasaña que nunca falla y siempre me piden

Comenzá picando bien chiquita la cebolla y el ajo. Este detalle es importante, ya que una cebolla demasiado grande puede sentirse en la textura final. En una sartén amplia calentá el aceite a fuego medio y rehogá la cebolla lentamente hasta que esté transparente y suave, sin que llegue a dorarse.

Agregá el ajo picado y, enseguida, la carne picada. Cociná removiendo constantemente con cuchara o espátula para que la carne quede bien suelta y se cocine de manera pareja. Este paso es clave para evitar grumos y lograr una salsa uniforme.

Condimentá con sal, pimienta y una pizca de orégano seco. Cuando la carne haya cambiado de color, incorporá la salsa de tomate. Mezclá bien y dejá cocinar a fuego medio durante unos 15 minutos, removiendo de vez en cuando, hasta que la preparación esté bien espesa y concentrada. Cuanto mejor cocida esté la salsa, más sabrosa quedará la lasaña.

Mientras la salsa de carne se cocina, prepará la salsa blanca. Debe quedar cremosa, lisa y sin grumos. Condimentala con sal y una pizca de nuez moscada, que le aporta aroma sin robar protagonismo. Reservá caliente.

Si las láminas de lasaña que usás no son precocidas, hervilas en abundante agua con sal durante el tiempo indicado por el fabricante. Escurrilas con cuidado y colocalas separadas sobre un paño limpio para que no se peguen entre sí.

Armado de la lasaña

Elegí una fuente apta para horno de tamaño mediano. Cubrí la base con una fina capa de salsa de tomate; esto evita que la pasta se pegue y ayuda a que se cocine de manera pareja.

Colocá la primera capa de láminas de lasaña, cubriendo bien toda la superficie. Añadí una capa generosa de salsa de carne, un poco de salsa blanca y espolvoreá mozzarella rallada.

Repetí este procedimiento formando capas parejas: pasta, salsa de carne, salsa blanca y queso. Presioná suavemente cada capa con la cuchara para que la lasaña quede firme y bien armada.

Continuá hasta terminar los ingredientes, procurando que la última capa sea de pasta. Cubrí con el resto de la salsa blanca, agregá mozzarella y finalizá con el queso rallado fino, que le dará ese gratinado dorado tan tentador.

Cocción

Llevá la fuente a horno precalentado a temperatura media (180 °C) y cociná durante 35 a 40 minutos. La lasaña debe estar bien caliente por dentro y dorada en la superficie.

Si notás que se dora demasiado rápido, cubrila con papel aluminio y destapala en los últimos minutos para que tome color sin secarse.

Una vez lista, retirala del horno y dejala reposar al menos 10 minutos antes de cortarla. Este paso es fundamental para que las capas se asienten y la porción salga prolija al servir.

Tips y consejos para una lasaña perfecta

  • Cocinar bien la salsa de carne es esencial para lograr un sabor profundo.
  • No abuses de la salsa blanca: debe acompañar, no tapar el sabor de la carne.
  • El reposo previo mejora notablemente la textura y la presentación.
  • Podés combinar mozzarella rallada y en fetas para un gratinado más atractivo.
  • Si la preparás con anticipación, guardala en la heladera y horneala justo antes de servir.
  • Al día siguiente queda aún más rica, con los sabores bien integrados.

Una receta que siempre funciona

Esta lasaña es de esas recetas confiables que nunca decepcionan. Bien jugosa, con capas generosas y un gratinado irresistible, se convierte fácilmente en un plato infaltable para comidas familiares, celebraciones o simplemente para darse un gusto.

Es un clásico que atraviesa generaciones y demuestra que, cuando los ingredientes son simples y el proceso está bien cuidado, el resultado siempre vale la pena. Una lasaña casera, sabrosa y rendidora que, sin dudas, vas a querer repetir una y otra vez.

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