Introducción: La magia de un gratinado casero
Hay platos que no necesitan carne ni pescado para conquistar los sentidos, y la cazuela de verduras gratinadas es uno de ellos. Combina aromas suaves, texturas cremosas y una irresistible capa dorada de queso que enamora al primer vistazo.
Inspirada en la tradición mediterránea y en clásicos franceses como el gratin de légumes, esta receta también recuerda a la cocina italiana, donde hornear vegetales con queso o bechamel es un arte. Pero más allá de sus raíces, se trata de una forma deliciosa y saludable de disfrutar de las verduras, perfecta para aprovechar ingredientes de temporada y lograr un resultado que gusta a grandes y pequeños.
Además, es un plato versátil: puede servirse como plato principal vegetariano, como acompañamiento de carnes o pescados, o incluso como base para una lasaña ligera.
Los secretos de un gratinado perfecto
Para lograr una cazuela de verduras memorable, hay tres pilares fundamentales:
- Verduras frescas y de calidad: Cuanto más naturales, mejor sabor y textura.
- Punto de cocción equilibrado: Las verduras deben quedar tiernas pero firmes, conservando su color y textura.
- Gratinado dorado y crujiente: Una mezcla de queso, nata o bechamel, pan rallado y un toque de mantequilla es la clave para esa superficie irresistible.
Ingredientes (para 4 personas)
Verduras:
- 1 calabacín grande
- 1 berenjena mediana
- 2 zanahorias
- 1 pimiento rojo
- 1 pimiento verde
- 1 cebolla grande
- 200 g de brócoli (o coliflor)
- 2 tomates maduros grandes
- 2 dientes de ajo
- 3 cucharadas de aceite de oliva virgen extra
- Sal y pimienta negra recién molida
- 1 cucharadita de orégano seco
- 1 pizca de nuez moscada (opcional)
Para el gratinado:
- 200 ml de nata líquida (crema de leche) o bechamel ligera
- 150 g de queso rallado (mozzarella, emmental, gouda o mezcla)
- 2 cucharadas de pan rallado
- 1 cucharada de mantequilla
- Opcional: un poco de parmesano para aroma y color dorado extra